Umberto D. Vittorio de Sica. 1952

«Umberto D.» y la resignificación de la relación entre perros y humanos

Ficha Técnica:

Año de estreno: 1952

Director: Vittorio De Sica

Guionista: Cesare Zavattini

Protagonistas: Carlo Battisti, Maria Pia Casilio, Lina Gennari y el perro Flick

Música: Alessandro Cicognini

Umberto es un jubilado que la pasa mal. Sus escasos ingresos no le permiten vivir con  dignidad y satisfacer sus necesidades en la Italia de la posguerra. Vive miserablemente  en una pensión en donde adeuda varios meses y está en permanente riesgo de que lo  desalojen.

La película comienza con una gran panorámica de una calle transitada, de alguna gran  ciudad italiana. Por medio de una toma en picado, vemos de pronto una manifestación  de jubilados que se desplaza en dirección al Ministerio que se ocupa de sus asuntos. No  son muchos, pero están bien organizados y muestran grandes energías. A poco de llegar,  la policía los dispersa, casi sin usar la fuerza, pero a costa de una gran humillación los  obliga a abandonar el espacio público. Nuestro protagonista está entre los presentes  acompañado por su inseparable perro Flick. Este perro, será a lo largo del filme un  personaje clave en muchas escenas decisivas.

¿Y si miramos el vínculo de Umberto con Flick, con los ojos del 2021, y reflexionamos  sobre lo que las escenas del filme sugieren con la mirada desde la crisis ambiental  actual?

Nuestra relación como humanos con el reino animal y vegetal, y en especial con las  especies superiores como los perros está en pleno debate y transformación y tiene como  elemento común, el tratar de correr al hombre del centro de la escena de la vida en la  Tierra, para considerarlo una especie más, sin privilegios sobre las demás. Los animales,  incluso en la legislación argentina que no destaca por su vanguardismo, son declarados  personas jurídicas no humanas (con derechos).

Umberto y Flick, un afecto insondable

Desde la ficción, estas posiciones comienzan también a aparecer. Una escritora  argentina, Paula Pérez Alonso, acaba de sacar un libro titulado Kaidú1 que es el nombre  del perro protagonista. En la novela se relata en forma ficcional un triángulo amoroso en  plena Buenos Aires del siglo XXI entre un hombre una mujer y un perro macho  mestizo. Aclaremos bien, no es una pareja que simplemente tiene una mascota, sino  que ese perro se eleva, por la actitud de la chica, a la condición de amante, a la misma  altura que su novio. Toda una provocación.
Volviendo al filme que nos ocupa, el perro Flick es un acompañante inseparable de  Umberto. Umberto es un hombre solitario. Sin familia ni amigos y sumido en la  pobreza, su vida se torna gris y deprimente, y las pocas alegrías que experimenta vienen  de su relación con su perro. Sin embargo, el perro, a pesar de su rol protagónico se  desempeña en una sociedad que como la italiana de mediados del siglo XX no tiene las  mismas concepciones hacia los animales domésticos que tenemos hoy en día, al menos  en Occidente. Vemos así que en la película aparecen instituciones como la “perrera”,  organismo municipal encargado de recoger los perros callejeros y pasado unos días,  sacrificarlos si sus dueños no aparecen, es algo que resulta inconcebible en el presente,  donde proliferan ONGs que recogen a esos mismos perros vagabundos, pero para darles  un hogar provisorio y tratar de colocarlos en alguna familia.
Hay detalles que demuestran que la película que nos ocupa utiliza a un perro  amaestrado. Esta cualidad del animal, De Sica no la disimula ni la esconde, sino que por  el contrario la explota. Se suele decir que no hay tarea más difícil para un director o  directora que trabajar con niños o con animales y lograr que hagan frente a la cámara lo  que se requiere de ellos. De Sica, enfrentó ambas dificultades en dos de sus películas  más valiosas y populares. En “Ladrón de bicicletas” hace actuar en escenas dramáticas a  un niño, y aquí en “Umberto D”, a un perro.

Pero las actuaciones de Flick, en algunos casos, atrasan, y serían inconcebibles para  cualquier director hoy en día. Tomemos como ejemplo la escena en que Flick, se para  en dos patas en la calle y sosteniendo el sombrero de Umberto, se dedica a pedir  limosna por su dueño. Una escena que en su época habrá pretendido ser agridulce y con  un toque de simpatía, hoy sería un caso grosero de explotación animal, tanto por parte  del director como del protagonista dentro de la ficción.

Se le otorga a Flick roles casi humanos, más cercanos a los de las series Lassie o Rin tin  tin, que poblaron mi infancia y la de tantos otros, con perros que eran humanos en  cuatro patas. Flick no llega a los extremos de los perros de estas series norteamericanas  de los años cincuenta y sesenta del siglo XX, pero se les acerca bastante.

Comparemos la actuación de Flick con la de la perra Lucy en la película de Kelly  Reichardt “Wendy y Lucy” (2009) donde la perra adquiere su importancia ya desde el  título, pero dentro del filme tiene roles más acotados sin sacrificar protagonismo. Si De  Sica hubiera hecho su película ahora, donde el drama de los jubilados sigue siendo  actual, la podría haber titulado “Umberto y Flick” emulando a Reichardt y dignificando  al perro.

En dos oportunidades Umberto tiene ideaciones suicidas y en otra escena pretende  concretarlo. En las tres, es Flick, por acción u omisión, el que impide que Umberto se  vaya de este mundo en forma anticipada. Es pedir demasiado a un perro.

En la película de Reichardt, Wendy es también una chica pobre en problemas, que  llegado el momento debe separarse de su perra, pero el guion encuentra una salida que,  si bien no es la ideal, es mucho más humana y simple que la que busca y no encuentra  De Sica en Umberto D.

En suma, se trata de lograr que los perros domésticos convivan con sus dueños gozando  del mayor bienestar y no estando al servicio de sus amos.

1 KAIDÚ. Paula Pérez Alonso. Colección andanzas. Tusquets editores. Buenos Aires. 2021