Minari

Minari. Lee Isaac Chung. 2020

La familia en pleno

Minari es una película simple pero valiosa. Pensada para todo público, competirá por el Oscar este año en la categoría principal de “Mejor Película”, con la especial particularidad de que la mayoría de sus diálogos están en coreano y no se han traducido al inglés para su proyección en EEUU, sino que viene con subtítulos. Toda una rareza y desafío para el público de aquel país.

Minari nos cuenta la historia de una joven familia de origen coreano que se establece en un campo en Arkansas, EEUU, en los años ochenta del siglo pasado, para cultivar la tierra con productos típicos de consumo de su país de origen. Partiendo casi de la nada, con muy pocos recursos económicos y mucho espíritu de sacrificio, la familia en su conjunto trata de sacar adelante el emprendimiento dirigidos por el padre.

Los conflictos familiares empiezan a asomar, cuando aparecen dificultades para hacer avanzar el proyecto. Es que la esposa de Jacob (Steven Yeun) apuesta a una idea mas segura en lo económico, aunque les otorgue menores ingresos: hacer lo que ya conocen, que es la selección de pollitos, en grandes criaderos. Lugares donde se gana poco, pero hay trabajo seguro.

Los niños por su parte viven su gran aventura, están en un país nuevo, deben adaptarse a nuevas costumbres, a un idioma que desconocen, y a un paisaje muy distinto a los de su país de origen.

La abuela, siempre feliz y optimista

A la típica familia de dos padres y dos hijos, se suma un nuevo personaje, la abuela  recién llegada de Corea. Con sus hábitos ancestrales, su mirada tan influida por la cultura oriental y sus juegos tan distintos a los de su país de adopción, crea un interesante contrapunto, en especial con su nieto David con el que las relaciones son más conflictivas pero enriquecedoras para ambos.

Las actuaciones de todos los personajes son muy convincentes y hacen creíble la historia, tanto en sus momentos dramáticos como distendidos.

El director evita los temas más conflictivos, como la discriminación racial, y el desprecio por los inmigrantes de muchos americanos de raza blanca. En la película, el proceso de adaptación de la familia coreana no es fácil, pero no está rodeado tampoco de una violencia hostil. Quizás este tratamiento atenuado de los vínculos raciales sea la principal crítica que se le puede hacer al filme.

La familia busca integrarse asistiendo a la iglesia

Cuando el filme parece encaminarse a un final feliz esperado, algo ocurre que trastorna todo y pone un gran signo de interrogación al proyecto económico de la familia. Y es este final abierto, el que ayuda destacar la película por sobre lo previsible.

Un filme válido de ver, aunque no aporte un planteo narrativo y formal demasiado original.

 

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