Lourdes

Lourdes. Jessica Haussner. Austria-Francia. 2009

No hace falta ser un entendido en cuestiones religiosas para darse cuenta, con solo mirar la película, de la importancia que el santuario de Lourdes tiene para los católicos del mundo.

En un tema que se prestaba al melodrama intrascendente, se agradece que el énfasis del relato no esté puesto en las emociones desbordadas ante los supuestos milagros divinos, sino en la compleja psicología de los personajes y el retrato sutil del manejo que la Iglesia Católica realiza de este santuario.

Es notable el negocio de los souvenir, en un descarado acto de fetichismo, con la venta en este caso, de imágenes de la virgen en todos los tamaños y colores.

Una de las cuestiones que más resalta, es el modo sumamente estructurado con que se organizan todas las actividades, sin demasiado tiempo libre como para una introspección libre de los peregrinos. Cada minuto del tiempo de las personas que han concurrido a esta especie de tour religioso, está fríamente planificado.

El cura, por su parte, que parece tener una respuesta para todo, no tiene problema en contradecirse para explicar la forma que los fieles deben encarar su paso por este mundo. Cuando nuestra protagonista se confiesa, y se pregunta por qué a ella y no a otro le tocó padecer la enfermedad que la aqueja, el cura le dice que lo que importa es sanar el alma. Pero cuando esa misma mujer, parece curada asombrosamente de su mal físico, se explota el hecho como un milagro de Dios, y la salvación del alma parece olvidada.

Es para reflexionar, la enorme cantidad de personas que se sienten movilizadas por estos santuarios en todas partes del mundo, y la eventual posibilidad de pedir deseos y que ocurran de forma milagrosa curaciones de todo tipo. Eventos que más que asociados al cristianismo en general, parece más propio de las prácticas de la Iglesia Católica.

En un sentido más general, me parece que la película estimula una reflexión sobre la mirada simplista que la mayoría de las personas tenemos sobre nuestro cuerpo. Aquí sí, el cura parece dar en la tecla cuando invita a meditar a nuestra protagonista sobre el concepto de felicidad. Esta felicidad, no puede estar determinada por una imagen estereotipada de nuestro propio cuerpo. La chica, en lugar de verse como diferente, se desvaloriza asumiéndose como minusválida.

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