02. Notas año 2020

Farewell Amor

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Farewell Amor. Ekwa Msangi. EEUU.2020

La directora de este destacable filme es también la guionista. Su interés, se centra en retratar con realismo y sensibilidad, los sentimientos contradictorios que se ponen en juego en las familias de inmigrantes africanos que tienen por destino los EE. UU. Pero no se trata de un documental. Es pura ficción, y además centrada más en filmar los sentimientos y emociones de los personajes, que en pintar un cuadro político de los padecimientos de los extranjeros que viven en el gran país del norte.

Los protagonistas centrales son solo tres. El padre, llamado Walter (Ntare Guma Mbaho Mwine), la esposa Esther (Zainab Jah) y la hija de ambos, Sylvia (Jayme Lawson). La anécdota que constituye la trama del filme se puede resumir en un párrafo. Walter lleva 17 años viviendo en Nueva York, tiene sus papeles en regla y trabaja como taxista. Lo insólito del filme surge desde el comienzo. Walter recibe en el aeropuerto a su esposa e hija, recién llegadas de Tanzania, país al que debieron huir escapando de la guerra civil de Angola que duró treinta años. El asunto es que, en esos 17 años, madre e hija por un lado y padre por el otro, solo tuvieron contacto virtual, y recién pueden reencontrarse en el presente en que transcurre el filme.

El esperado reencuentro: Aeropuerto John Kennedy.

El desarrollo de la trama se concentra en mostrar las dificultades de tres personas que por el paso del tiempo son a la vez una familia y extraños conviviendo hacinados en un departamento estrecho en extremo, en plena Nueva York, antes de la pandemia. La calidad de las actuaciones, y la cuidada puesta en escena, hacen de esta historia mínima, una delicada pintura de emociones y sentimientos que expone las dificultades de convivencia de la nueva familia, y los problemas de adaptación de las dos mujeres, desde lo afectivo y sentimental, más que desde lo político o jurídico.

Los diálogos son breves, no solo porque como casi extraños no encuentran fácil la comunicación, sino porque la decisión inteligente de la directora pone más el énfasis en los gestos y las conductas de sus personajes, que en sus discursos.

Padre e hija en un trámite en la escuela secundaria

La música juega un papel central. La mayor parte de la música que se escucha en el filme es diegética, ya que no solo la hija se interesa por ella y escucha y baila en cada momento que tiene libre, sino que el padre también es un gran adepto al baile, en especial la música originaria de Angola, su país natal. Y hasta la madre, mucho más recatada, cuando concurre a la iglesia, participa de canciones religiosas.
Es aconsejable ver la versión de MUBI hasta el final, ya que después de terminada la proyección de la película, se entabla una interesantísima conversación entre la directora y un colega. Y justamente, explica de manera detallada, la razón de ser de elegir protagonista a una familia que viene de Angola, excolonia portuguesa, que no solo heredó el idioma, sino también una manera especial de sentir la música. El tono del filme es melancólico, se impregna de ese sentimiento que los brasileños llaman «saudade» y que es tan difícil de explicar. El interlocutor de la directora dice que la película podría haber estado ambientada en Brasil y no hubiera cambiado mucho, y tiene razón. Y este es otro rasgo original: la ciudad de Nueva York, tan determinante en infinidad de películas, aquí juega como un mero telón de fondo.

El baile: la pasión de Walter y en el pasado, también de Esther

Una historia bella, sencilla y muy bien desarrollada. Puro cine, en suma. Un filme recomendable, que muestra que no todo lo que pasa por el Festival de Sundance (lugar donde se presentó el filme y obtuvo un premio), se adapta a una horma prefijada.

Puede verse en la plataforma online MUBI, desde el 19 de diciembre de 2020.


Farewell Amor. Ekwa Msangi. USA. 2020

The director of this noteworthy film is also the screenwriter. Her aim is centered on realistically and sensistively portraying the contradictory feelings of immigrant African families living in the United States. But it is not a documentary; it is complete fiction and focuses more on portraying the characters’ feelings and emotions rather than painting a political landscape of the suffering of foreigners living in that Northern country.

There are only three central characters: the father, Walter (Ntare Guma Mbaho Mwine), his wife Esther (Zainab Jah), and their daughter Sylvia (Jayme Lawson). The tale that makes up the film’s plot can be summarized in one paragraph. The movie’s unusual story begins as Walter welcomes his wife and daughter at the airport, newly arrived from Tanzania where they lived after escaping Angola’s thirty-year-long civil war. Walter has been living in New York for 17 years, his papers are in order and he works as a cab driver. During those intervening 17 years mother and daughter have lived on one continent, the father on another, sharing only online virtual contact. The film recounts the present time from the point of their reunion.

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The long-awaited reunion at JFK airport in New York.

The plot unfolds with a focus on the difficulties of three individuals, crammed into an extremely small apartment in pre-pandemic New York City, who are at once both a family as well as strangers, due to the time that has passed. The quality of the performances, and the careful production, make this minimal story a delicate painting of emotions and feelings as it exposes the complications of a new family living together, of the two women’s problems as they adapt, relying on affection and sentimentality rather than political or legal issues.

Dialog is brief, not only because as near strangers they find communicating difficult, but because the director’s intelligent choice places greater emphasis on gestures and the characters’ behavior, rather than on their words.

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Father and daughter registering at the high school.

Music plays a key role. Most of the music heard in the film is part of the narrative, not only is it the daughter’s focus as she listenes to it and dances whenever whe can, but the father is also a great dancer, especially fond of the music of the country of his birth, Angola. Even the mother, although more demure, enjoys religious music when she attends church.
It’s advisable to see the MUBI version through to the end, as after the movie there is a fascinating chat between the director and a colleague where she explains the reason behind choosing to tell the story with a family from Angola, a former Portuguese colony that inherited not only the language but a special feeling for music as well.
The interviewer comments that if the movie had been set in Brazil it would not have changed much, and he’s right. The film’s tone is wistful, permeated with that feeling which Brazilians call “saudade” that is so difficult to describe. And that is another original aspect: New York City, such a determining factor in countless movies, is merely a backdrop to the story here.

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Dancing is Walter’s passion, and in the past it was Esther’s as well.

A beautiful story, simple and set in motion very well. In summary, pure cinema. A highly recommended film, proving that not everything coming through the Sundance Film Festival (where this movie was screened and given an award) is patterned on a template.

It can be seen on the MUBI online platform, from December 19, 2020.

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