Todo bien / Alles ist gut. Eva Trobisch. 2018

Premio a la mejor ópera prima en el Festival de Locarno 2018

Puede verse en Netflix de Argentina

El cine alemán dirigido por mujeres está dando una agradable sorpresa tras otra, en materia de calidad y eficacia creativa.

La película Todo Bien de la directora Eva Trobisch, es la última prueba cabal de esta corriente. Reivindica como pocos directores, la potencia del cine para expresar sentimientos y emociones complejas y retratar a través de situaciones en apariencia intrascendentes, la crisis social de las relaciones interpersonales. El predominio de primeros planos y planos medios, permiten al espectador, no solo no despegarse de la protagonista de la película  llamada Janne (interpretada con gran solvencia por Aenne Schwarz) y empatizar con su sufrimiento, sino además, y por sobre todo, no perder detalle de sus estados de ánimo, con solo contemplar las expresiones de su rostro, tanto cuando está sola como cuando interactúa con otros personajes.

La hecatombe que producen las políticas económicas neoliberales en el mundo entero, no solo impacta en la regresiva distribución de la riqueza, sino que reconfigura el conjunto de las relaciones humanas, arrinconando a la mayoría de las personas en la soledad y el desamparo afectivo, aún cuando se las vea rodeadas de otros individuos todo el tiempo. En este mundo de hoy, ser emprendedor no es solo saber hacer algo que te genere un ingreso por tu propia cuenta, sino también, y esta es la parte fea que no se cuenta, ser una persona que sepa padecer en aislamiento.

Janne, sufre una violación a manos de un ex compañero de estudios. Las consecuencias emocionales y psicológicas de este acto, van poniéndose en evidencia, no con discurso altisonantes, ni con crisis histéricas o llantos desmadrados, sino con gestos sutiles y diálogos entrecortados que no permiten la verdadera comunicación de Janne con las personas que la rodean. El choque es más brutal, porque no se trata de una chica marginal y solitaria, apartada del mundo, sino por el contrario, de alguien con familia, pareja y un trabajo digno. Y sin embargo, esta inserción social potencia aún más el contraste entre lo que las personas simulan ser, y lo que realmente sienten y tienen dificultades para comunicar. La directora hace un retrato demoledor de una sociedad de la abundancia material, pero plagada de una insoportable grisura afectiva. La enorme dificultad de Janne para dar a conocer su estado de ánimo a partir de la violación, tiene no solo que ver con la timidez de su carácter, sino sobretodo con la indiferencia y descontención de familiares, amigos y hasta de su novio. Pocas veces el cine ha sabido retratar con tanta hondura este desamparado existencial.

Janne, que en todo el filme trata de ser una buena ciudadana y persona integrada a la sociedad en que vive, tiene sobre el final, un pequeño pero estimulante acto de desobediencia, y deja la esperanza en el espectador de que su bondad, rayana en la humillación, deje paso a la rebeldía contra el orden establecido.

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