Shirin

Shirin, Abbas Kiarostami, Irán, 2008

(Proyectada el 17/12/2010 en el Seminario “El ojo soberano” dirigido por Roger Koza, en la ciudad de Córdoba, Argentina)

shirin2La película produce desde el comienzo un efecto extraño: vemos en escenas a muchos espectadores (en su gran mayoría mujeres), que se supone están mirando una película, que nosotros a su vez, nunca alcanzamos a ver, pero de la cual podemos escuchar la música, las voces y los diálogos. ¡Aquí las protagonistas son las espectadoras!. Es cierto que numerosos directores han filmado muchas escenas que transcurren dentro de un cine, con los personajes mirando una película, pero ninguna ha hecho de esta cuestión, el motivo central de una película, ni lo ha filmado con la originalidad que lo hace Kiarostami.

Otra paradoja, es que estamos asistiendo a la proyección de una película (la de Kiarostami) claramente no narrativa, pero sus protagonistas están mirando en la ficción, un filme que parece contar de modo convencional un típico melodrama, perfectamente encasillable dentro del cine narrativo.

La sutileza con que se retratan las diversas emociones reflejadas en decenas de rostros, hace que la película no canse al espectador: No hay dos caras iguales, no solo porque son distintas las personas captadas en primerísimos planos, sino porque está claro que no sienten igual.

Creo que a través de ciertos detalles es posible hasta deducir condiciones de clase o extracción social de las mujeres cuyos rostros se iluminan en forma alternada. La vestimenta, los adornos (aros, brazaletes, anillos), el cuidado de las manos (que en numerosas tomas suben hasta tocar distintas partes del propio rostro), el maquillaje, etc. son todas referencias que dan mucho para pensar. Es evidente: obreras y campesinas no hay en la sala.

El director juega en forma llamativa con la iluminación de los rostros. Está claro que la mayor o menor luz que llega al semblante de las protagonistas, no es un reflejo de la luz de la escena que transcurre en el cine imaginario de la película. Los cambios abruptos de luz entre caras que están en primero y segundo plano (a veces iluminando la más cercana y opacando la más alejada, y a veces a la inversa), practican un juego que se independiza del devenir de la narración que están mirando.

La cabeza de todas las mujeres cubiertas por el (o la) hiyab  nos obliga a concentrarnos con mayor énfasis en las expresiones faciales. No existe cabello a la vista, que quizás podría distraer la atención de los verdaderos espectadores (es decir de nosotros).

La presencia de Juliette Binoche me resultó también extraña, pero supongo que puede reflejar a una extranjera viendo una película en un cine iraní, y que por respeto a las tradiciones se cubre la cabeza, y no una actriz europea interpretando a una musulmana.

Esta es una película heterodoxa por otro detalle: no existe una protagonista o pocas protagonistas. Son literalmente, decenas de mujeres mostradas en un pie de igualdad. A ninguna se le dedica un tiempo ostensiblemente más extenso que al resto, ni se muestra su rostro con mayor detalle que el de las demás. ¡Otra forma de practicar la democracia en el arte, o la manera de hacer política a través de la puesta en escena!

Link IMDB: http://www.imdb.com/title/tt1284587/

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