Guest

Guest, José Luis Guerín,  España, 2010

guestGuerín,  es un tipo inteligente, que sabe descubrir lo que conviene filmar.

Un cine político deber ser capaz de retratar una realidad, apelando a formas innovadoras, y siempre a partir de casos particulares, pero sabiendo extraer lo que ese registro tiene de universal. De lo contrario es un panfleto.

Guerín nos sorprende poniendo un énfasis especial en los rostros, que son retratados con primerísimos planos que sin embargo no intimidan al entrevistado. Esto nos permite concentrarnos en los detalles y descubrir la pertenencia de clase a través de las facciones, por las arrugas prematuras y las bocas desdentadas. Que me perdonen los odontólogos. Sin hay un lugar del cuerpo donde se patentizan de modo más flagrante las diferencias sociales,  es en la dentadura. La clase media y los ricos pueden acceder a dentaduras postizas o a los implantes, los pobres, solo a la desnudez de sus encías.

En Lima o en La Habana, Guerín se aleja del glamour de los festivales a donde fue invitado y se las ingenia para recorrer las calles y retratar a los que casi nunca son retratados, los pobres y marginados. Y hacernos conocer lo que el turista convencional nunca ve: No la “Bodeguita del Medio” en La Habana, sino las casas derruidas de los simples cubanos. No la “Plaza de Armas” en Lima, sino el exótico y fantasmagórico recorrido de esas motos con carrocería que parecen taxis del subdesarrollo. Y la gente chapoteando en el barro para alcanzar este u otro medio de transporte precario. Y el comercio ambulante, encarnado en decenas de rostros pacientes. Todas estas secuencias, dicen más de la realidad de su gente, que cualquier discurso o postal turística.

Los pocos planos dedicados a los festivales que visitó, son mostrados por medio de un humor satírico. Escuchar a un señor, anunciar que Guerín viene a explicarnos la diferencia entre documental y ficción, en un lugar que no parece el más apropiado para estas sutilezas conceptuales,  me pareció gracioso. Escuchar a Akerman explicar a través de un argumento súper simplificado, su visión  sobre el mismo tema, también me movió a risa.

Guerín, quizás sin proponérselo, nos da una lección moral. Demuestra que un cineasta de alma, no puede olvidarse nunca de ejercer su oficio, aún en momentos que parecen más propicios para la frivolidad. El se aparta del protocolo, y nos deja un testimonio. Nosotros si somos cinéfilos de alma, no podemos menos que visionarlo.

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