A última vez que vi Macau

A última vez que vi Macau. João Pedro Rodrigues y João Rui Guerra da Mata. Francia, Portugal. 2012

Este filme es un ejemplo contundente de cómo se puede narrar una historia, utilizando formas que están en las antípodas de los relatos tradicionales, y además hacerlo con una gran economía de recursos.

Es que los directores hacen algo muy extraño, que dota a la película de una gran originalidad. Los protagonistas principales nunca se hacen presentes de cuerpo entero. Así, al misterio de la intriga policial, se suma el misterio de los rostros y de los cuerpos de las dos figuras claves de la historia. Por el contrario, el público en general y los personajes secundarios, sí son mostrados en un estilo convencional: vemos sus cuerpos moverse en el espacio y los rostros expresando sus emociones. Se comprueba así, que es posible construir una historia utilizando principalmente el espacio, que se retrata en primerísimos planos, a veces, y con vistas panorámicas de la gran ciudad, en otras tomas. Estos retratos de la ciudad, donde predominan las tomas nocturnas y diurnas brumosas, acompañados por la voz en off del protagonista masculino, son suficientes para crear un clima de misterio y mantener la atención del espectador respecto al desenlace de la historia.

La forma de narrar, donde los personajes están ocultos a la mirada del espectador, hace el efecto parecido a la lectura de una novela. Aunque la descripción del escritor sea buena, somos los lectores los que finalmente ponemos rostros a las palabras impresas. Aquí también somos los espectadores los que imaginamos las caras que quedan fuera de campo. En este aspecto, en este filme, la similitud entre literatura y cine es manifiesta.

Otro rasgo original del filme, es la destreza para pasar, en forma frecuente, de vistas panorámicas que destacan por su originalidad, a primerísimos planos de monumentos, o insectos o detalles de la carteleria. Así, por ejemplo, se retratan los efectos de la luz en una toma al atardecer sobre el puerto, o de los rascacielos que se pierden entre las nubes un día de niebla. Sin descuidar el bullicio de las calles donde residen los casinos y otros lugares de entretenimientos. Al mismo tiempo, la cámara se pasea por los ojos de vidrio de una escultura de un perro y sigue el recorrido de una mosca que camina por el rostro del animal. En otro momento, se visualiza un ratón muerto en la calle, entre pequeños charcos de una lluvia reciente.

La memoria, es otro tema desarrollado en el filme. El relator, a cada momento, nos cuenta, en un tono entre melancólico y nostálgico, los contrastes que encuentra entre la ciudad que conoció en su infancia y la urbe actual  y resaltan en el relato los espacios perdidos que tornan en parte, irreconocible y hostil al lugar.

 

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