Dos metros de esta tierra

Dos metros de esta tierra. Ahmad Natche. Palestina. 2012

Puede ser un estereotipo, pero uno escucha la palabra palestino y piensa enseguida en guerras, sufrimientos, matanzas y otras cosas desagradables. Sin embargo, esta película, contribuye de muy buen modo a romper con estos prejuicios. La capacidad del director para transmitir un clima amable, una convivencia armoniosa entre los miembros de este pueblo, es destacable. Se ve a los personajes cumpliendo sus roles sin crispaciones ni peleas. Natche se las ingenia para transmitir una imagen compleja y a la vez querible de un pueblo que la mayoría de las veces es noticia por sus angustias. Gran parte del secreto, está en los diálogos cuidados, que tienen como uno de sus principales atractivos, la sorpresa y el interés que demuestra cada interlocutor, por lo que dice o cuenta el otro, su avidez por conocer las experiencias de vida del prójimo. Todos filmados sin recurrir al plano y contraplano.
El destacado papel de las mujeres, se pone en evidencia desde la primera secuencia, no con discursos altisonantes, sino con su presencia en variados roles laborales. Desde la conductora de TV, que busca fotos para su programa, hasta la estudiante de periodismo, que trata de captar testimonios del evento, pasando por las bailarinas, son muchas las mujeres que asumen roles activos. El machismo atribuido con insistencia a los árabes de todas las nacionalidades, no parece existir entre los palestinos, al menos entre los integrantes de una clase media intelectual como la que se retrata en el filme.

Ahmad Natche
Ahmad Natche

Los planos filmados en exteriores son otro punto fuerte del filme. Un viento omnipresente, que acaricia los rostros, el cabello y la indumentaria de las chicas y muchachos que esperan pacientes por los ensayos de la danza y el comienzo del festival, es retratado en morosos planos medios fijos, y hace de esta simple experiencia un evento lleno de gozo.

La historia de este sufrido pueblo, no está ausente en el filme, pero Natche muestra su talento al retratar las escenas alusivas, con originalidad. Desde el comienzo mismo de la película, el tema de la guerra está presente, cuando una sucesión de fotos en blanco y negro, de palestinos en uniforme, hombres y mujeres, va haciendo emerger el pasado. Luego, el testimonio de la mujer mayor, que relata con resignación pero sin gestos melodramáticos, las pesadillas por las que tuvo que pasar desde su primera infancia. También cuando algunos jóvenes recuerdan la dificultad que imponen los israelíes para moverse, haciendo de Ramala y otras ciudades palestinas, verdaderos guetos.

 

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