La maestra de jardín. Haganenet. Nadav Lapid. 2014

haganenet2La actriz Sarit Larry interpreta con gran solvencia a una maestra de un jardín de infantes en Israel. Su personalidad es muy especial, en ello radica gran parte del atractivo del filme. El director parte de una premisa que pone en boca de la maestra: «La poesía ha muerto». La docente, posee una gran sensibilidad y tiene casi siempre, en su hogar y en el aula, una actitud más contemplativa que enérgica o hiperactiva. Parece como si estuviera ausente de los momentos que le tocan vivir, con su mente ocupada en pensamientos ajenos al lugar donde se encuentra. Se conmueve al descubrir que tiene en su aula a lo que ella misma define como «un Mozart de la poesía». El personaje en cuestión es un niño de solo 5 años, llamado Yoav que se inspira de manera imprevista y empieza a dictar sus versos al adulto que tiene más cerca. La maestra, de nombre Nira, está casada con un ingeniero y con dos hijos grandes que ya viven solos. Ninguno de ellos parecen compartir su amor por la poesía. En sus ratos libres, Nira participa de un grupo literario donde escriben y leen poesía. Nira lleva a estas reuniones, las poesías de Yoav, haciéndolas pasar como suyas, para ver el impacto que causan entre sus compañeros del taller literario. Algunos la elogian y otros no. Pero el docente a cargo, que se supone es el que tiene más conocimientos, se muestra muy bien impresionado. A partir de allí, Nira trata de alguna forma que este niño desarrolle su potencial. Habla con un tío y con el padre, pero ninguno demuestra demasiado interés en atender esta habilidad del pequeño. En un acto de desesperación, Nira rapta al niño, lo lleva con ella con lo idea de salir del país aunque sin planes claros de lo que quiere lograr. Cuando la situación parecen haber llegado demasiado lejos y la tensión aumenta haciendo que el espectador presienta un final trágico, Nira recapacita y devuelve el niño a su padre. La película parece implosionar. Todo aparenta volver a su cauce, pero queda flotando en el espectador el gran dolor de Nira por no haber podido evitar que un niño talentoso, desarrolle sus destrezas, y en cambio prosiga un camino previsible de meros objetivos materiales en la vida y escaso lugar para el arte. Una especie de fatalidad de la que ella se siente también víctima.