Toni Erdmann

Toni Erdmann. Maren Ade. 2016

toni-erdmann-3-rcm0x1920uEncontrarse con una película como “Toni Erdmann” es a la vez una grata sorpresa y un placer que pocas veces el cine contemporáneo es capaz de producir en el espectador atento, sensible e inteligente. Es que la directora Maren Ade (que también escribió el guión) ha creado una obra de una originalidad suprema. Sin renunciar a la narración, pero evitando caer en los estereotipos largamente transitados por el cine comercial convencional, Ade se las ingenia para entregarnos un relato lleno de frescura, mezcla de drama y comedia. Con personajes inverosímiles que se relacionan muchas veces en situaciones impensadas. El absurdo sobrevuela en gran parte de las escenas cuando nos las define por completo, y ese es uno de los recursos formales que la directora mejor explota y que le dan una identidad tan especial a esta película.
La historia puede resumirse muy fácilmente y en manos de un director menos talentoso, hubiera dado lugar a algún melodrama intrascendente. Tenemos por un lado a Inés (Sandra Hüller), una profesional de la administración de empresas que parece haber escalado alto en su trabajo de consultoría, dedicada a asesorar a grandes multinacionales sobre procesos de reorganización que les permitan bajar costos y aumentar así sus ganancias. Inés se la pasa la mayor parte del tiempo fuera de Alemania y visita poco y brevemente a su familia. Por otro lado, está su padre Winfried (Peter Simonischek) que parece estar retirado y se decide a visitar a su hija en Rumania. Toni Erdmann, es el nombre ficticio que inventa Winfried para presentarse en Rumania en los distintos eventos a donde concurre con su hija, a veces invitado por ella y otras veces participando sin que nadie lo haya convidado. Los conflictos que se van sucediendo por la presencia de un padre que parece en muchos momentos padecer serios trastornos mentales y en otros dar muestras de una gran capacidad para incomodar a sus interlocutores, en especial a su hija, y por extensión al espectador, constituyen la esencia del filme. Personaje a la vez revulsivo y querible, Toni nos sorprende a cada paso con actitudes totalmente alejadas de la cordura y el sentido común.
Otro personaje importante que contribuye a mis simpatías por este filme, es la presencia de un perro que mantiene un lazo afectivo profundo con su dueño, que no es otro que el propio Winfried. Y es la alusión a ese perro, lo que da lugar a la que quizás sea la escena más cruel y el sarcasmo más hiriente de Inés hacia su padre.
Hay otro mérito sobresaliente del filme. Me refiero a la forma austera pero contundente que utiliza la directora para mostrar el cínico ambiente laboral en el que se mueve Inés. La dialéctica entre el temperamento calculador y distante de la protagonista y las execrables tareas que tiene que cumplir, nos llevan a preguntarnos si son este tipo de individuos los que eligen trabajos bien pagos pero inhumanos o es el tipo de trabajo lo que va moldeando de a poco una personalidad arribista y sin escrúpulos.
El rol que asume su padre como payaso, intentando relajar la manifiesta frialdad y rigidez del carácter de Inés, se choca una y otra vez con el rechazo de su hija, que pone el éxito laboral por encima de todo sentimiento o afecto. Aunque a veces parece quebrarse, cuando surgen lágrimas inexplicables en momentos impensados.  Estas escenas y la del final, nos dejan abierta una pequeña esperanza de que Inés recapacite y redefina su escala de valores.
El enorme esfuerzo que hace su hija para soportarlo y a la vez tratar de sacárselo de encima sin ofenderlo, dan lugar a las situaciones más patéticas y dramáticas del filme.
En algún momento, dando un fuerte golpe de timón en el guión, Ade hace que sea la propia Inés la que parezca haber caído en la locura. Una secuencia de escenas, donde el uso del desnudo de varios personajes se utiliza en una situación totalmente alejada del erotismo o el sexo, pero a la vez impide fáciles metáforas por parte del espectador, ponen nuevamente en evidencia el talento de la directora.
La frialdad con que Inés trata a su padre y su aparente reconciliación hacia el final, no evita que nos quede un gusto agridulce, sobre la vida de ambos personajes y su vínculo tan conflictivo y a la vez tan humano. Ade evita el final feliz, y para cerrar este filme, opta por una escena ambigua, que patentiza el desconcierto vital de Inés y deja al espectador con un mar de interrogantes.

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