Un oso rojo

Un oso rojo. Israel Adrián Caetano. 2002

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Oso en el primer cumple de su hija junto a su esposa Natalia

La cerveza, los cigarrillos, el dinero y el mate, son elementos que aparecen a menudo en este filme y definen, por la forma de su uso, una pertenencia de clase de los personajes. Fumar ansiosamente, beber a cualquier hora, no tener casi nunca un peso en el bolsillo y compartir el mate en las reuniones familiares, van delineando una manera de estar en el mundo de los protagonistas. Estos detalles y varios más de la puesta en escena, convierten a este policial dirigido por Caetano, en una gran película. El cuidado de la forma que se expresa en el uso original e inteligente de elementos como la música, los objetos, los primeros planos y las elipsis,  logra un impacto inolvidable en el espectador.

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Oso con su hija, luego de salir de la cárcel

Caetano nos cuenta, en tan solo una hora y media, una etapa intensa de la vida de Rubén (Julio Chávez) alias el “Oso”, un delincuente violento, que luego de un asalto a mano armada, que resulta fallido, cae preso y pasa en la cárcel siete años. Las escenas comienzan con el primer cumpleaños de su hija y rato después saltan al momento en que Oso abandona la prisión. Está más gordo, con el pelo rapado y un tatuaje con el nombre de Alicia, su hija. Ya en libertad, busca con desesperación dos cosas: retomar el contacto con su niña y un dinero que le deben.

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Oso y Turco

Oso consigue empleo en un trabajo legal manejando un taxi (un remis, más exactamente), en la periferia de Buenos Aires. Una zona pobre, de calles de tierra, mucha violencia y dinero escaso, es el lugar donde transcurre gran parte de la acción. Cuando comprende que el trabajo le dará un ingreso insuficiente, que no alcanzará para ayudar a su ex familia, Oso se involucra en un nuevo delito que está planeando el Turco, personaje que regentea un bar y le debe una suma importante de dinero.

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Oso en acción, disparando su arma

No entraré en más detalles de la trama, para no privar al espectador del suspenso muy bien manejado que aparece en varias secuencias de la película. Sí trataré de concentrarme en explicar con más precisión, los aciertos formales del filme, que lo convierten en una obra destacada.

La música es un elemento muy bien utilizado. Apenas un tema se escucha y se repite en fragmentos a lo largo del filme, o mejor dicho dos, si contamos al Himno Argentino que se oye en el tramo final. La música principal, a ritmo de cumbia, comienza a sonar cuando menos se la espera. Es que un director sin demasiado talento, puede usar la música extradiegética (la que escucha el espectador pero no los personajes) para “sostener” una escena cuyas imágenes, por si solas, carecen de la suficiente fuerza expresiva. Pero Caetano, por el contrario, la introduce de modo muy original, matizando circunstancias de mucha tensión contenida, haciendo que el espectador tome distancia y se relaje. El director evita manipular en extremo las emociones del que mira. Nos obliga a pensar más en las personas que vemos, que en excitarnos con sus actos. Dicho de otro modo, el suspenso queda amortiguado.

A su vez, escuchar las estrofas del Himno Argentino, ya sobre el tramo final, en medio de una escena de acción y violencia extrema, expone sin palabras, de modo magistral, lo absurdo del concepto de patria.

Las actuaciones son todas sobresalientes. El peso que otorga Caetano a las miradas, evita que se escuchen palabras de más. Su uso dramático de los primeros planos, le permite destacar lo que sienten los personajes, sin abrir la boca.  Además, es una muestra del esmerado casting que se llevó a cabo para la realización de la película.

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La inmensa soledad en la que vive Oso, sin mujer ni amigos, habitando un hotel de mala muerte, con un trabajo precario y un futuro incierto, logra ser compensada por el enorme afecto que siente por su hija y que ella trata de corresponder. A cada paso de su vida, luego de salir de la prisión, Oso piensa en su niña y busca acercarse a través de sencillos pero significativos actos. Caetano logra, con el complejo y contradictorio proceder de Oso, que el espectador registre una incómoda sensación: sentir por un personaje en apariencia repugnante, una cierta empatía, por su vínculo intenso y amoroso con su hija, el único ser que le da sentido a su dura existencia y fuerzas para seguir adelante aún en los momentos más angustiantes.

 

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