La reconquista

La reconquista. Jonás Trueba. 2016

A esta altura de la historia del cine, ya han sido numerosos los cineastas que han abordado los relatos de amores juveniles, de modo que Trueba se ve enfrentado a un desafío que supera victorioso: Narrar lo que muchos directores antes de él ya han contado, y encontrarle la vuelta para hacer un filme original. El secreto pasa por varios aciertos formales que trataré de destacar.
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Un sugerente cartel en fondo celeste marca el inicio de la película, y permanece bastante más tiempo que el necesario para leerlo. El director nos deja una frase desafiante y nos da el tiempo para pensarla. En silencio, el texto dice: “Pongo mi corazón en el futuro. Y espero, nada más”. Y los segundos sobrantes nos conmueven. Este manejo destacado de los tiempos muertos, constituye la marca original de Trueba a lo largo de todo el filme.

La historia que se desarrolla en la película es simple de contar y no trae ninguna sorpresa. Manuela (Itsaso Arana) es una joven abogada española que anda por los treinta años de edad y que se ha radicado en Buenos Aires. Vuelve a España, después de un largo tiempo en el exterior, unos días antes de las fiestas de fin año. Aprovecha la oportunidad para encontrarse con un amor de su adolescencia, un muchacho bastante introvertido, llamado Olmo (Francesco Carril).

La película se asienta principalmente en los diálogos, ya que la acción es escasa. Pero esto no significa que carezca de belleza formal. Esas conversaciones, que salen con dificultad, tratan de evocar el pasado y buscar juntos las razones por las cuales aquel romance, terminó en la ruptura. Lo bello y conmovedor de Trueba, es que Manuela y Olmo no se reprochan casi nada, no se reencuentran para pelearse, o hacerse recriminaciones. No es un reencuentro para un ajuste de cuentas, sino para procesar juntos el duelo de la añeja ruptura. O para buscar explicaciones vanas.

Trueba filma una película climática, sentimental sin volverse melodramática, con un excelente uso de los silencios, que sirven no solo para que los protagonistas de los diálogos, piensen en lo que el otro le acaba de decir, sino que también da tiempo al espectador a hacer lo mismo. Los diálogos son realistas sin dejar de lado la poesía. Es que Trueba parece decirnos que cuando se trata de amor, y uno ya anda por los 30 años, no puede menos que expresar de manera emocionada pero calma, sus afectos del pasado. Otro logro formal asociado a los diálogos, son los magníficos primeros planos como expresión de un deseo apenas contenido. Las actuaciones resultan verosímiles, en especial la de Itsaso Arana en el rol de Manuela. También contribuye a este fluir calmo del reencuentro de dos viejos amantes, la estación del año elegida y la proximidad de la Navidad y el año nuevo, épocas signadas de alegrías pero también de balances. Haber imaginado este recuentro entre Manuela y Olmo en el invierno de España, crea un escenario ideal para el recogimiento y la confesión. Más de la mitad de la película transcurre mostrando este largo peregrinar de los ex amantes, por bares, y lugares para bailar, y también por las calles silenciosas de la madrugada madrileña. Cuando el encuentro acaba, Olmo se vuelve a su hogar y cae rendido de cansancio en su cama. Inicia un sueño, que reconstruye su pasado adolescente junto a Manuela, ambos compañeros de estudio en la escuela secundaria. Dos actores magníficos Candela Recio y Pablo Hoyos, interpretan a Manuela y Olmo en su primer romance. Aquí la película pierde un poco de la poesía, pero resulta indispensable para entender la tensión del reencuentro que se narra en la primera mitad, o más acertado sería decir, en homenaje al preciso título, para comprender los sólidos cimientos en que se asienta la búsqueda de “la reconquista”, que parece intentar Manuela en el presente.
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La intercalación de canciones, diegéticas y extra diegéticas, entre los diálogos, es también un acierto, ya que dicen de modo poético lo que Manuela y Olmo, no pueden o no saben decirse.

Volviendo al comienzo, podemos decir que en un tema muchas veces abordado por el cine, como son los romances juveniles, el mejor elogio que se le puede hacer a esta película de Trueba, es que logra originalidad y belleza, allí donde todo parecía haberse hecho y dicho.

Esta película puede verse en Netflix de Argentina, incluso con subtítulos en español para hipoacúsicos.

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