Wildlife

Wildlife. Paul Dano. 2018

La familia Brinson está en problemas. Falta el dinero porque papá perdió su trabajo y es la única fuente de ingresos. Papá Jerry y mamá Jeanette no se llevan del todo bien, sus vínculos afectivos muestran una lenta pero inexorable agonía. Ellos, los padres, andan alrededor de los 35 años, y en el medio está su hijo adolescente de 14 años, Joe, un joven inteligente, observador y tranquilo, que muestra un grado de madurez para enfrentar la vida, que parece faltarles a sus progenitores.

Los datos que pone en evidencia el filme son claros y contundentes, la pareja tuvo a su hijo a una temprana edad, seguramente dotados de escaso discernimiento para enfrentar el desafío de su crianza, y ahora las heridas de los problemas acumulados, van gestando el camino de la ruptura. Son una familia trabajadora de bajos ingresos y su situación se agrava porque carecen de vínculos con el lugar de residencia. El padre parece ser un trotamundos y la esposa lo ha seguido hasta allí con desgano. El estado de soledad de sus miembros, hace más tortuoso el camino que permita encaminar la economía del hogar, y quizás, quien sabe, también los afectos. Sin contactos ni relaciones personales cultivadas, no hay puertas a donde ir a golpear para conseguir el empleo que saque adelante a la familia, ni siquiera una voz de consuelo para los pesares.

La acción parece ubicarse entre fines de los sesenta y comienzos de los setenta del siglo pasado. La reconstrucción de época es cuidada, y la cadencia de la vida por aquellos tiempos, hace más lánguida la vida de los personajes, mirados desde este presente invadido por las urgencias de Internet y sus redes sociales.

Quizás, un uso exagerado de la música extradiegética, es lo único que puede criticarse al director Paul Dano.

La pequeñez del pueblo donde transcurre la acción, remarca aún más la sensación de desamparo. Poca gente en las calles y por lo tanto pocos congéneres que puedan ayudar.

Si bien el conflicto de la pareja es lo que hace avanzar el relato, la conducta del hijo es lo que deslumbra como rasgo destacado del guion. En contraste con su padre absurdamente vanidoso, que no acepta trabajos que podrían salvarlo, porque no están a su altura, y la desesperación de su madre que la lleva a aceptar un precario trabajo en un club, primero y luego un amorío imposible con el viejo rico del pueblo, Joe sigue a paso firme con sus estudios, no se deprime por lo que padece y observa y hasta consigue un empleo a medio tiempo como aprendiz en una casa de fotografía. Esta ocupación, le dará a Joe una oportunidad de forjarse un oficio y servirá para un remate genial en el final del filme, en una de las escenas mejor logradas del relato y una síntesis perfecta del rol que juega cada uno los tres protagonistas.

A pesar de lo deprimente de la historia y del evidente malestar de la pareja, el filme evita el melodrama y elige un tono cansino, casi fatalista, donde solo la conducta de Joe, nos hace pensar que algo puede salvarse de ese mundo gris y rutinario.

Paul Dano, conocido hasta aquí como actor, muestra que también tiene dotes para ponerse detrás de la cámara, y entregarnos una historia muy bien contada.

Escenas finales


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