Días de eclipse

Días de eclipse. Dni Satmenitja. Alexander Sokurov. Unión Soviética. 1988

Un intento de lectura política

imagesEsta película, intensamente poética, se escurre con facilidad a las tentativas de analizarla. Sin embargo, siguiendo el texto de Jameson (“La estética geopolítica” Frederic Jamenson), en el capítulo dedicado a la exploración de este filme de Sokurov, intentaré aportar algunas consideraciones propias.

Dejo de lado las observaciones de Jameson referidas a la obra literaria en que se basa el filme (una novela de los hermanos Strugatsky), porque la desconozco y porque el propio Jameson considera que la película de Sokurov, no es una mera adaptación de la obra literaria original, por lo que se transforma en un objeto cultural independiente.

No considero tampoco, las extensas referencias de Jameson, a la obra de otro gran director ruso: Tarkovsky.

Trataré de centrarme, entonces, exclusivamente en la película “Días de Eclipse”.

Dice Jameson: “La novela, lo mismo que la película, son fábulas sobre este problema epistemológico, este desafío a la cartografía cognitiva” (se refiere Jameson al problema de la indeterminación misma)  (pág. 115) “Se trataría de localizar e hipotetizar aquel rasgo de la cultura y la experiencia nacionales para el que se podría decir que es importante este preciso dilema interpretativo” (pág. 115) Es un enunciado elegante y pretencioso, pero creo que la película no alcanza estos objetivos ya que no hay elementos para sostener esta afirmación.

Afirma más adelante Jameson: “Pero los héroes de Dni Satmenitja (Días de Eclipse) son intelectuales que nunca pueden ‘compartir el destino de las masas populares’ por más que lo intenten” Mi opinión es que esta conclusión no se puede deducir de ningún pasaje de la película de Sokurov. Hay en el filme, un esfuerzo por situar al desarrollo de las acciones en un macro momento histórico preciso. Estamos en el período de existencia de la Unión Soviética, aunque no se mencione el año, lo que queda en evidencia en secuencias bien concretas.  Los discursos políticos y las “bajadas de línea” que se escuchan por la radio y el retrato del monumento de la hoz y el martillo, que se erige sobre una avenida y se observa hacia el final del filme, son los ejemplos que pueden citarse.  Pero al mismo tiempo, hay en el filme, elementos que tienden a confundir o mezclar los momentos del tiempo histórico. La presencia de automóviles parecidos a los que se ven en las películas yanquis, ambientadas en las décadas del 50 o 60 del siglo XX, sumado al uso de una máquina de escribir manual que parece por la forma de sus teclas sumamente antigua, junto a una calculadora de bolsillo que nos remite, al menos, a la década de los 80. A su vez, se utiliza un antiguo teléfono a disco, modelo que desapareció, allá por los años 70. Las fotos que mira en algún momento Malianov, sobre todo por los peinados de las mujeres, remiten a una época muy anterior a la de realización del filme. Toda esta mezcolanza de objetos de diferentes épocas, nos lleva a la imprecisión sobre el año en que está ambientada la película, pero favorecer el reforzamiento de una ficción al estilo de cuentos de hadas, que suele enfatizar Jameson.

Los dos personajes principales (Malianov y su amigo Vecherovski), más que enfrentarse a un problema de imposibilidad, parecen ser indiferentes a un contacto que los saque de sus vidas profesionales y sus círculos sociales de pertenencia.

No parecen sentirse incómodos con el régimen soviético, aunque tampoco dan muestras de identificación. Han encontrado resquicios por donde sus vidas puede fluir al margen de la lógica del sistema. Se muestran, al menos en lo discursivo,  abiertos y comprensivos, creen haber internalizado los valores de tolerancia racial y cultural, se sienten cómodos en cualquier lugar o región (esto lo dice Malianov, explícitamente) pero no están motivados por vocaciones políticas claras, ni a favor ni en contra del régimen. Justamente, gran parte de la atmósfera que logra transmitir Sokurov, se asienta en esta característica prescindente de los personajes.

Como para reforzar esta apreciación, las llamadas telefónicas que recibe Malianov en plena etapa de redacción de su investigación, se vuelven molestias de un mundo exterior con el que no se posee demasiados vínculos, y esta molestia es expresamente destacada cuando debe señalar las cosas negativas de su residencia en aquel lugar.

Es más, Jameson, sostiene que la forma de vida de Malianov, una suerte de “racismo de cuentos de hadas”, tiene como rasgo más objetable, la negación de la vida cotidiana del Otro (págs. 122-123) Agrego que esta sospecha se acentúa, cuando el personaje de Malianov es representado a través de un joven rubio y fuerte, “una especie de Príncipe valiente escandinavo o ruso que vive de incógnito entre la raquítica población del extraño pueblo”. (pág. 120) Y agreguemos que no solo es bello, sino que da muestras  de una fuerza, valentía (por ejemplo cargando la serpiente)  y destrezas físicas admirables (subiendo escaleras de a dos escalones, saltando hacia atrás desde un mueble a su cama, subiendo de un salto a un tren en movimiento, etc.). Cualidades que hacen más abismal, las diferencias con los rasgos físicos de los nativos. El protagonista, luciendo su cuerpo esculpido, está más cerca de un fisicoculturista que de un hombre común. El cuerpo del niño es mostrado con deleite, y resulta examinado por el protagonista como doctor y amado y alimentado como padre sustituto. En contraste, se ven los cuerpos decadentes de los enfermos o mendigos.

Aunque fuera cierto como lo dice Jameson que la “la miseria de los nativos se ha exagerado enormemente” (pág. 123), Malianov padece también una seria distorsión en su percepción de la situación económica de los habitantes del lugar, producto de su falta de contacto real y directo con ellos. Cuando su hermana le pregunta sobre el tema, le dice que tienen dinero, pero no encuentran en que gastarlo, y que el carácter nómada de muchos de ellos hace que tengan escasas distracciones (que según parece se consiguen con una vida sedentaria). La afirmación está en notable contradicción con lo que se observa en las calles y el estado de las viviendas.

Todo esto, me lleva a pensar que el filme de Sokurov realiza, concientemente o no, una cisura, donde por un lado, existe un mundo habitado por los oriundos del lugar, que llevan una vida extraña y hasta dolorosa, y son retratados casi como en un documental de observación, y por otro, el micro mundo de los personajes de ficción, que parece discurrir relacionado con cuestiones mucho más ligadas a lo filosófico y existencial. Estos dos mundos, parecen incomunicados entre sí, salvo por el hecho que comparten un lugar geográfico común.

La película, nos informa Jameson y lo sabremos por lo que se dice en el propio filme, se ambienta en Turkestán y no en Moscú como lo era en la novela original, y este cambio de escenario tiene gran importancia para dar la sensación de estar en otro planeta como lo afirma el propio Jameson.

Un elemento que destaca Jameson y que a mi me pareció llamativo y muy importante para transmitir un cierto clima de agobio del filme, es la presencia de basura (de tipo inorgánica, como muebles rotos, papeles y restos de hierros y chapas arrojados en las calles, junto a personas tullidas, que parecen sufrir serios problemas de salud, retratados en una especie de asilo u hospital. En palabras de Jameson “…formada por mercancías obsoletas y existencias desechadas” (pág. 120)

Una consideración especial destina Jameson a los filtros de colores utilizados en el filme. En la página 128 dice: “… el amarillo persiste en la imagen dándole un sentido de fotografía descolorida y de documental anticuado, cuyos sujetos parecen estar todos muertos desde hace mucho tiempo: una especie de historicidad suspendida que apenas se aprecia en los actores principales, mientras que el propio pueblo encantado (…) está controlado por la peculiar intemporalidad del cuento de hadas (…)    ”

Sokurov oscila entre los planos multicolores (los menos) a un juego con el sepia que parece poner una doble distancia, hacia los objetos y personas y una distancia en el tiempo.

Jameson agrega en el siguiente párrafo: “ (…) de los planos exteriores de Sokurov surge una auténtica gama de color, a la vez intensificado y miniaturizado por el filtro. El amarillo permanece, pero una combinación maravillosamente delicada de matices se hace visible a través de él como un jardín o una alfombra: una auténtica invención de pasteles azafrán, como si la saturación de un nivel extraordinariamente bajo aumentara de intensidad y revitalizara los órganos visuales, haciendo que el espectador sea capaz de hazañas de micro percepción casi imposibles en las realizaciones oficiales a todo color del Hollywood mayor o del cine culto (…)” págs. 128-129

Acerca del sonido
Nota 9 al pié de página 129: “Entre otras características virtuosas de este filme (…) debe mencionarse la banda sonora. Sobre todo en la escena en que el padre del niño enfermo reaparece para frustrar los planes del futuro que había hecho Malianov: después de un plano del rostro del niño, se produce una secuencia muy larga de gruñidos amortiguados que proceden de una puerta situada fuera de cuadro y que sólo podemos considerar una batalla sin palabras entre los dos hombres. La música (de Y. Chanin) es absolutamente notable y parece mezclar tradiciones musicales étnicas asiáticas de distinto origen (…)”

El clima contribuye a potenciar la idea de fábula. El calor agobiante parece más un estímulo a la ensoñación que una fuente de irritación. Aparecen animales exóticos propio de climas cálidos, como la iguana. Son varios los personajes que se quejan de la elevada temperatura, pero nunca escuchamos de Malianov un comentario al respecto o un acuerdo con la opinión de sus interlocutores. Más bien parece como si su fuerza vital fuera tan intensa, que las condiciones climáticas le resultan irrelevantes.

Un consideración aparte merece la escena del allanamiento que realiza la policía y demás autoridades en la casa donde se produjo un suicidio. Quizás resulte la secuencia más explícitamente política del filme.  Jameson dice: “La burocracia ofrecería entonces el equivalente colectivo o social de este desorden interno, a medida que sus miembros persiguen, desordenadamente sus aisladas tareas multicéfalas, mientras el foco anamórfico rodea el exterior del inexplicable volumen que forman, sin hallar una posición tranquilizadora, una perspectiva para el observador (…)”

Finalmente, el vínculo amistoso que une a Malianov con Vecherovski, se carga de un fuerte tono erótico a partir de miradas prolongadas que parecen expresar un deseo apenas contenido. Estas miradas intensas, se repiten al menos en dos ocasiones: en la casa de Vecherovski, cuando Malianov llega quejándose de un dolor de cabeza, y Vecherovski lo recuesta en el suelo sobre su falda. La otra en la partida, al pie del barco que se llevará a Vecherovski.

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