Territorio perdido

Territorio perdido, de Pierre-Yves Vandeweerd, Bélgica-Francia, 2011

Se dice que todas las historias ya han sido contadas. ¿Vale la pena hacer otra película más sobre derechos humanos y guerras civiles? ¿Qué justifica hacer un filme sobre temas tantas veces abordados por distintos cineastas en diferentes geografías? Solo sería aceptable si el cineasta logra una mirada original, con una puesta en escena poco transitada. Creo que el director de “Territorio Perdido” lo logra, y por eso su filme evita caer en la repetición.
¿Y cual es el principal mérito de la puesta en escena de Vandeweerd? En mi opinión, es su capacidad para presentar todo el relato de los sufrimientos de los nómades del Sahara a manos del gobierno marroquí, como un sueño. Como si se tratara de una larga pesadilla. Justifico esta opinión en la forma en que fue concebido el filme: registro en blanco y negro (que ya de por sí genera cierto distanciamiento del espectador hacia el objeto de observación), planos generales del desierto borrosos, con imágenes poco nítidas, imprecisas (lo que refuerza la idea de un sueño) y los sonidos extradiegéticos. Al revés de lo que hacen muchos otros cineastas, Vandeweerd le pone muchos sonidos a la película y ninguno se genera en la propia escena. Hay música extradiegética que contribuye a crear el clima de extrañamiento de varias escenas, y hay muchas palabras dichas por personajes que, a veces están presentes en el filme y otras veces no (cuando escuchamos la radio, por ejemplo). Pero incluso cuando las palabras corresponden a los hombres y mujeres filmados, no coinciden los registros de sus sufridos rostros, con las palabras que se oyen, las que quedan desfasadas de las imágenes. Son como voces fantasmales, que hablan del dolor de un pueblo, pero que no se adhieren con precisión a los rostros que se retratan.
Otra dimensión destacable es el retrato de los espacios. Las escenas en el desierto, con amplios planos generales, a veces transitadas por hombres y camellos (o dromedarios) y otras por soldados, generan una sensación de vacío, no solo porque poco hay para retratar en el desierto, sino porque esa soledad refuerza la idea de desamparo y pesadilla de los nómades filmados.
Los primeros planos son también originales. Al separar las voces de los rostros, estos logran una expresividad mayor. Los silencios, que también existen, nos obligan a concentrarnos en los detalles de caras que incorporan en sus expresiones todo el padecimiento y la desesperanza de los retratados.

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